jueves, 24 de noviembre de 2016
#25N #25NVER2016 #EsViolencia
domingo, 27 de marzo de 2016
Boy cut
"Una mujer que se corta el cabello está a punto de cambiar su vida", decía Gabrielle Chanel, una inteligente y ambiciosa diseñadora, considerada una de las mujeres más influyentes del siglo pasado.
Coco Chanel tenía razón. El cabello largo fue durante 34 años de mi vida un símbolo que me conectaba con mi interior, con el amor, con mi femineidad, con mi familia, con el Universo. Las dos veces que me lo corté, fue una tontería o una autoflagelación que sufrí desmedidamente.
Hace años decidí cortarme el cabello, precisamente como un símbolo de terminar con cosas que ya no quería en mi vida. La muerte de mi papá en 2011 y la irremediable conexión de mi cabello con él, a quien tanto le gustaba.
Después, en 2013, vino la muerte de quien yo creía mi gran amor y la necesidad de cortar de tajo el dolor, el desencanto, la desazón. En un par de años, lo que quería cortar era mi absoluta incapacidad para asumir que no debía quedarme donde mi presencia no era apreciada; estaba locamente enamorada entonces de un buen hombre que nunca supo cómo quererme, ni cómo quererse a sí mismo y a quien me aferré de todas las formas posibles.
Durante esos años lo decidí, pero no pude. Y entonces entendí que el asunto se trataba de poner las cosas en orden en su fondo, para después poner orden en la forma.
Me corté medio metro de cabello en vísperas de mi cumpleaños 34, con lágrimas en los ojos. Y hace unos días, por una razón estética, terminé con el asunto en un precioso y mal llamado boy cut.
El cambio está hecho, los duelos completados y las cosas en su lugar. Hacía mucho que no me sentía tan libre y ligera. Y claro, iré por la calle diciendo que lo que me pesaba era el cabello.
martes, 12 de mayo de 2015
HBR - Inteligencia Emocional
- A menudo siente que los demás no entienden lo que usted quiere decir y se siente impaciente y frustrado.
- Se sorprende cuando los demás son demasiado sensibles a sus comentarios o chistes y cree que están exagerando.
- Cree que caerle bien a los compañeros de trabajo está sobrevalorado.
- Es muy intenso con sus afirmaciones y las defiende con rigor.
- Tiene expectativas igualmente altas para usted mismo y para los demás.
- Los otros siempre tienen la culpa de los errores en su equipo.
- Le resulta molesto cuando otros esperan que usted sepa cómo se sienten.
- Lo que usted dice: "Al final del día, se trata de hacer el trabajo”.
- Lo que otros oyen: "Lo único que importa es el resultado y si algunos se sienten ofendidos por el camino, no me interesa".
- Lo que usted dice: "Si yo puedo entenderlo, cualquiera puede”.
- Lo que otros oyen: "Tú no eres lo suficientemente inteligente como para entenderlo".
- Lo que usted dice: "No veo cuál es el gran problema”.
- Lo que otros oír: "No me importa cómo te sientes”.
- Pausa para escucharse. Cuando Pedro se impacientaba y se sentía frustrado en las discusiones, a menudo apretaba la mandíbula y su pecho se tensaba. Al reconocer estos signos físicos, fue capaz de hacer una pausa y recordarse a sí mismo que temía perder el control. Como resultado, Pedro era más capaz de determinar la forma en que quería responder, en lugar de ceder a su reacción de arremeter.
- Pausa para escuchar a los demás. Escuchar significa ayudar a los demás a sentir que los ha entendido (incluso si no está de acuerdo con ellos). No es lo mismo que no decir nada. Se trata simplemente de dar a otros la oportunidad de expresar sus ideas antes de saltar.
Publicado originalmente Harvard Business Review
sábado, 9 de mayo de 2015
Francisco
lunes, 13 de abril de 2015
Las casualidades no existen
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| En la ceremonia en que Marcelo Ebrard entrega las llaves de la Ciudad de México a Eduardo Galeano. Febrero de 2010. |
domingo, 29 de marzo de 2015
Domingo de Ramos
sábado, 28 de marzo de 2015
Él sabe
Él tocó el pedazo de calcetín rosa que salía de mi tenis rojo y, mientras me miraba dulcemente, como sólo él me mira, dijo:
"Oiga, pero esa calceta no combina con sus zapatos rojos. ¿Qué pasó ahí?"
Sonrojada, me apresuré a explicarle que recién había salido de la cama, que las prisas, que las carreras.
Pero de las combinaciones, de la cara de recién salida de la cama, de mis mejillas sonrojadas, de los verbos, de los sentimientos... él sabe.


